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Isaba

En las últimas temporadas turísticas estamos siendo testigos de un fenómeno relevante: un creciente número de destinos y establecimientos hoteleros que históricamente se han apoyado en un modelo de ocio tradicional de ambiente festivo están reconfigurando su propuesta de valor para atender nuevas demandas. La recuperación y consolidación del sector tras años de volatilidad ha acelerado esta transición y ha puesto de manifiesto una tendencia en alza: el turismo familiar como motor de sostenibilidad económica y social.

El turismo familiar representa una parte estratégica del mercado global y español. El ultimo estudio de Turespaña, que analizaba el comportamiento del turista en el periodo 2016-2024, ya indicaba que este segmento abarcaba más del 27 % de los viajeros internacionales que visitan España, generando cerca de una cuarta parte del gasto turístico total, con estancias medio-largas y un perfil de gasto estable y homogéneo. Además, estudios específicos muestran que en áreas como la Comunidad Valenciana el turismo familiar puede llegar a representar hasta el 36% de la demanda total, aunque la oferta todavía está poco especializada en atender estas necesidades.

Este cambio no debe leerse como una moda pasajera, sino como una respuesta a factores estructurales en la forma en que las personas viajan hoy. Las familias planifican con más antelación, buscan destinos que ofrezcan experiencias compartidas y únicas y valoran servicios que les permitan disfrutar sin tensiones de logística o seguridad. A su vez, la conciencia por el bienestar de los más pequeños y la búsqueda de experiencias enriquecedoras está marcando las decisiones de reserva. Un elemento recurrente en las preferencias de estas familias es la presencia de instalaciones de ocio seguro y creativo, desde espacios lúdicos acuáticos hasta áreas de juego multisensorial.

De hecho, regiones y establecimientos que decidieron apostar por combinar alojamiento con atracciones temáticas o acuáticas han observado beneficios tangibles. En destinos internacionales, hoteles con parques acuáticos integrados han conseguido no solo mayores índices de ocupación y fidelidad, sino también un impulso en los ingresos por habitación disponible, al prolongar la estancia media del cliente y elevar su satisfacción general.

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Pero más allá del impacto económico inmediato, lo que subyace tras esta tendencia es una revalorización de la experiencia turística como momento compartido. Las familias no viajan solo para descansar: buscan escenas y momentos que permanezcan en la memoria de padres e hijos. Por eso, la integración de espacios de juego, de interacción y de descubrimiento en los hoteles y en el entorno turístico deja de ser una cuestión accesoria y pasa a ser un diferenciador estratégico.

En este contexto, la personalización de proyectos de ocio familiar se vuelve un elemento clave para que los hoteles construyan una oferta coherente con su identidad de marca y su entorno. No se trata de implantar estructuras genéricas: se trata de diseñar experiencias que respondan a la historia del lugar, a sus valores y a las expectativas de sus visitantes. Un splashpark, un waterpark o un playground pueden ser, bien concebidos, una extensión del relato del destino en sí.

La transición hacia el turismo familiar no responde únicamente a una dinámica de mercado; implica una redefinición del propio modelo turístico. Más allá de los indicadores clásicos, como la ocupación, emerge una propuesta centrada en la calidad de la experiencia, la convivencia entre generaciones y la creación de vínculos reales con el destino. Este enfoque aporta estabilidad, eleva la percepción del establecimiento y favorece estancias más largas que se recuerdan. En un entorno altamente competitivo, no se trata solo de atraer más huéspedes, sino de ofrecer razones claras para elegir, repetir y recomendar.

Desde ISABA, fruto de nuestro trabajo continuo con destinos y operadores turísticos, interpretamos esta evolución como una señal clara del rumbo que está tomando el sector. Los proyectos orientados a la experiencia familiar no amplían simplemente el público objetivo; redefinen el posicionamiento del establecimiento. La cuestión ya no es si el turismo familiar representa una oportunidad estratégica. La verdadera diferencia estará en quién sepa integrarlo con coherencia, personalidad y visión a largo plazo.